El Maratón de Granada es una de las grandes joyas perdidas del atletismo popular andaluz. Disputado entre los años 1985 y 1996, este evento formó parte de la primera gran ola de carreras de 42.195 metros que florecieron en España. Durante sus doce ediciones, se consolidó como una cita tan exigente como entrañable, dejando una huella imborrable en la historia deportiva de la ciudad de la Alhambra.
Nacido en 1985 gracias al impulso del asociacionismo local y el Patronato Municipal de Deportes, el Maratón de Granada planteaba un desafío único a los corredores: la altitud. Correr a más de 700 metros sobre el nivel del mar, sumado a un trazado urbano caracterizado por constantes toboganes y desniveles, convertía a la prueba en un reto rompepiernas. A diferencia de las citas llanas de la costa, aquí los atletas debían regular muy bien sus fuerzas al cruzar grandes arterias como el Camino de Ronda o la Avenida de la Constitución. En ocasiones, para suavizar el perfil, el diseño de la ruta se extendía hacia los llanos de la Vega granadina.
El pelotón de este mítico maratón reflejaba el espíritu de una época dorada y puramente amateur. Lejos de las masificaciones contemporáneas, la carrera congregaba anualmente a un grupo selecto de entre 200 y 500 corredores que lograban cruzar la meta. El perfil de los participantes era eminentemente nacional, destacando los mejores fondistas andaluces, atletas manchegos, extremeños y miembros de la cercana base militar de Armilla, quienes encontraban en este circuito el test definitivo para medir su resistencia.
Lamentablemente, a mediados de la década de los noventa, la viabilidad del evento comenzó a complicarse. El alto coste logístico que exigía un despliegue policial para cortar el tráfico de una capital de provincia durante más de cinco horas, sumado a la creciente preferencia de los corredores por distancias más accesibles, terminó por asfixiar la prueba. La edición de 1996 marcó el cierre definitivo de este ciclo histórico.
A pesar de su desaparición, el legado del Maratón de Granada sigue muy vivo. Tras su fin, la pasión por el asfalto en la capital nazarí no se extinguió, sino que se transformó. La ciudad redirigió sus esfuerzos hacia citas que hoy gozan de un enorme prestigio, como la exigente Media Maratón Ciudad de Granada o la mítica Subida a Sierra Nevada. Sin embargo, para los pioneros del running de los ochenta y noventa, los doce capítulos escritos por aquella cita invernal representan el verdadero origen del fondo granadino.

